Arte figurativo en la América Latina contemporánea

 

Antonio Seguí
Argentina, 1934

Figuras, 1985
Óleo sobre tela
72 x 91 cm

Colección Ralli
© Antonio Seguí, VEGAP, Málaga, 2020

 

La figuración, el meta-lenguaje de las vanguardias en América Latina

Paralelamente a los movimientos artísticos informalistas y abstractos que inundan las corrientes del arte internacional de mediados del siglo XX, en América Latina surge -a finales de los años 50- un arte decidido también a romper con la tradición, al mismo tiempo que defendía el predominio de la figuración. A partir de la apropiación y la reinterpretación de los lenguajes vanguardistas crean nuevos lenguajes que responden tanto a su necesidad de experimentación como de comunicar.

En América Latina no hubo un equivalente a los movimientos que se daban en los otros continentes, no al menos en cuanto a contenido, aunque sí que podemos hablar de influencias directas. El informalismo, el expresionismo abstracto, el arte cinético, etc.; todos ellos suponen para los artistas latinoamericanos una reinterpretación de lenguajes y la adaptación de forma y contenido a su realidad social y cultural, para crear un arte nuevo. En esta sala veremos aquellas corrientes que llevaron todas estas influencias al terreno de la figuración contemporánea.

La selección de las obras y artistas, con diferentes técnicas, soportes y planteamientos estéticos, engloba tanto movimientos -como la Nueva Figuración- como propuestas de artistas individuales. Todos ellos se relacionan entre sí bien sea por su temática, teorías estéticas o influencias.

A continuación, veremos algunas de las corrientes más destacadas dentro de este paraguas de artistas figurativos contemporáneos, diferenciados según sus líneas de trabajo.

En el arte contemporáneo de América Latina la herencia precolombina y colonial están igualmente presentes, formando parte ambas de la complicada labor de definir y representar la identidad latinoamericana. Hablar de realismo o realidad para los artistas latinoamericanos es hablar de estos complejos sistemas sociales, históricos e individuales. Sin embargo, en este contexto no debemos entender “realismo” como veracidad. Los artistas realizan una relectura de la realidad, un análisis de esta pasada por el filtro de la crítica social y las claves lingüísticas del arte contemporáneo.

El artista Herman Braun-Vega (Perú, 1933 - Francia, 2019), catalogado como “hiperrealista”, emplea un lenguaje naturalista con referencias a la pintura tradicional, que a su vez comparte alusiones al arte vanguardista y a grandes maestros del arte tradicional español, apropiándose tanto de lenguajes como de referencias directas a ellos. En sus obras representa precisamente la realidad del mestizaje artístico y cultural que tiene lugar en los países latinoamericanos, especialmente en referencia a su Perú natal.

Este mismo uso de la apropiación lo vemos en el argentino Eduardo Labombarda (1949) en su obra “El federal”.

A partir de símbolos y referencias que pudieran ser descifradas por el público este conjunto de artistas latinoamericanos mostraban sus preocupaciones por las situaciones político-sociales y culturales de su época.

Otra de las artistas que podemos encuadrar dentro de este realismo simbólico y que vemos en esta sala es Carmen Aldunate (Argentina, 1940). Con una clara influencia de la pintura flamenca del siglo XV, Aldunate combina en sus obras una gran destreza técnica con un contenido narrativo de gran contenido psicológico y simbólico. La figura humana, especialmente la femenina, es la protagonista de su obra, la cual podemos encuadrar dentro del movimiento neofigurativo, vinculado con el realismo mágico debido al tratamiento del imaginario y el áurea naturalista que alcanzan sus obras.

La obra de Aldunate, de presencia amable pero contenido crítico, denuncia a partir del sarcasmo y el humor la opresión del género femenino que sufre y ha sufrido durante siglos.

El Informalismo en América Latina tampoco se ajusta a las pautas que sigue en Norteamérica o Europa. Si bien es cierto que existen movimientos donde predomina la experimentación matérica, con una pintura gestual y abstracta en América Latina (como el Arte Madí, el arte concreto o de invención, etc.), llama la atención la vertiente que surge en este mismo continente de un informalismo reinterpretado. Este “informalismo” (a falta de un término mejor) se basa también en el uso del color y la mancha, pero sin perder nunca del todo la referencia al motivo. Estas obras se centran en la figura humana, representada esta con un trasfondo existencial que nos habla de las preocupaciones filosóficas del ser humano.

El gran paradigma de esta vertiente y la alternativa al arte abstracto e informalista la representa la Nueva Figuración Argentina. Este movimiento propone una revalorización de la figura humana a través de un realismo expresionista y una paleta intensa y plana. Esta estética, basada en lo grotesco, el desequilibrio y la desarmonía, pretenden ser el reflejo del caos social y político predominante.

Dentro de esta corriente encontramos a los argentinos Ernesto Deira (1928-1986) y Rómulo Macció (1931-2016), miembros fundadores del extinto grupo La Otra Figuración junto con Luis Felipe Noé (1933) y Jorge de la Vega (1930-1971), y representantes de la Nueva Figuración Argentina.

En las obras de Ernesto Deira vemos un énfasis en el desequilibrio y la agresividad, con un uso del color expresionista, resultado sin embargo de una composición muy pensada.

Rómulo Macció realiza obras más amables, especialmente tras el fin de La Otra Figuración, aunque en ellas prima los contrastes de colores, la mancha y las pinceladas expresionistas, dejando más al descubierto la materia de la pintura.

Antonio Seguí (Argentina, 1934) y Carlos Alonso (Argentina, 1929), relacionados también con La Otra Figuración aunque nunca formaron parte oficial de él, sí que se encuadran dentro de la Nueva Figuración. Los dos realizan obras figurativas y narrativas, con un realismo de síntesis en el cual se prescinde de lo anecdótico para enfatizar el tema que ocupa su obra: las representaciones de figuras humanas con un gran contenido de crítica social.

Fuera de Argentina también se da esta neofiguración, con un informalismo basado en la esquematización y el uso de la mancha y que no pierde la referencia a la forma. Dos ejemplos de ello los tenemos en la obra del mexicano Javier Arévalo y el uruguayo Hugo Longa.

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